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viernes, noviembre 18, 2011

Jesús y su método de construcción de poder popular.

Jesús y su método de construcción de poder popular.

Jesús se fue a la región de Cesarea de Filipo. Estando allí, preguntó a sus discípulos: “Según el parecer de la gente, ¿quién es este Hijo del Hombre?” Respondieron: «Unos dicen que eres Juan el Bautista, otros que eres Elías o Jeremías, o alguno de los profetas.”
Jesús les preguntó: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?” Pedro contestó: “Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo.” Jesús le replicó: “Feliz eres, Simón Barjona, porque esto no te lo ha revelado la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los Cielos.
Y ahora yo te digo: Tú eres Pedro (o sea, Piedra), y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Los poderes de la muerte jamás la podrán vencer. Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos: lo que ates en la tierra quedará atado en el Cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el Cielo."
Entonces Jesús les ordenó a sus discípulos que no dijeran a nadie que él era el Mesías.

San Mateo 16: 13-20

En la relación de Jesús con sus discípulos, la consulta permanente y el conocimiento de la opinión popular fueron elementos fundamentales: en su práctica profética pastoral, creía firmemente en la reflexión colectiva y en el debate. Él estaba consciente de que en el pensamiento del pueblo había contradicciones, y de que en él convivían visiones diversas, dudas, conflictos, miedos, sufrimientos y conformismos; pero también daba lugar a la esperanza, a la alegría y a la resistencia.

Jesús ponía sobre la mesa la opinión del pueblo y la de los/as discípulos/as militantes de su proyecto - el Reino de Dios -. Allí podía medir el nivel de influencia de su mensaje liberador y de su práctica pastoral, pero también los grandes desafíos a los que debían enfrentarse, y la sinuosidad del largo camino que faltaba recorrer.
La propuesta de Jesús – el Reino de Dios – no podía ser materializada imponiéndola ni pisoteando dignidades, pero tampoco otorgando concesiones al proyecto de muerte que Él enfrentaba.

Entendía que el Reino de Dios había que construirlo con un pueblo concientizado, organizado y movilizado, que debía crecer desde y entre el pueblo, que poco a poco se dejara revolucionar por el Espíritu de Dios. Los evangelios registran que ésta fue la tarea a la que Jesús se dedicó como obrero, pastor, maestro, profeta y militante ungido por el Dios de la Esperanza, hasta entregar su vida.

El texto de San Mateo describe una de las tantas reuniones de Jesús con sus discípulos/as, un plenario donde debaten sobre tres puntos: la consulta al pueblo sobre la identidad real de Jesús, la sorprendente respuesta de Pedro, y la declaración y confesión de su mesianidad, que debía ser reservada. 

Cuando Jesús pregunta a sus militantes sobre la opinión popular a cerca de su identidad, la respuesta es que lo consideran un profeta: unos lo comparan con Juan el Bautista, otros con Elías, y otros con Jeremías. Todos/as sabían que ser profeta en ese tiempo era ser alguien que había sentido un llamado divino, y que había aceptado de Dios la ardua e incomprendida tarea de denunciar la opresión perversa y diabólica; y al mismo tiempo debía anunciar la liberación y la esperanza en un mundo nuevo. 
Pero Jesús era más que un profeta: los/as discípulos/as de Jesús discernían que esto era así, pero Pedro se adelantó y le dijo: "tú eres el Mesías, el Hijo del Dios viviente". Para entender tengamos en cuenta que entre profeta y Mesías hay una diferencia sustancial: el profeta es el mensajero, mientras que el Mesías es el enviado. Él es el mensaje, el que conduce a la salvación y a la liberación. Allí Jesús y sus discípulos/as descubren que el pueblo en su conjunto necesitaba madurar en esta comprensión de Jesús y su proyecto liberador. Éste sería entonces el desafío principal de sus seguidores/as.

La respuesta de Pedro también sorprende a Jesús, por eso lo felicita. Pero a la vez les advierte que se preparen para lo que viene, y les pide tener vigilancia revolucionaria sobre su identidad mesiánica, para evitar la furia y la represión del imperio romano y sus aliados.

En la actualidad, como en el tiempo de Jesús, existen diversas visiones e interpretaciones sobre los fenómenos sociales, políticos, culturales y religiosos. Por ello es necesario tener discernimiento para distinguir cuales visiones contribuyen y suman en la construcción de un mundo nuevo, del Reino de Dios; y cuales intentan destruir u obstaculizar esa construcción.

Obstaculizar o intentar destruir la construcción el Reino de Dios equivale a promover proyectos y leyes que niegan la dignidad de los seres humanos y de los pueblos; a través de iniciativas políticas, económicas, sociales y hasta religiosas que son inspiradas por el propio demonio para oprimir, excluir, expulsar y explotar a la humanidad y a toda la creación.

Ejemplos claros tenemos en la Ciudad de Buenos Aires: el Jefe de Gobierno Mauricio Macri, jactándose de los votos obtenidos en las elecciones pasadas, intenta por todos los medios posibles profundizar el modelo neoliberal. Lo hace promoviendo e impulsando políticas antipopulares: intentando desarticular la elección democrática de los representantes de los trabajadores/as docentes a las Juntas de Clasificación y Disciplina, construyendo oficinas de gestión paralelas para desconocer a los comuneros elegidos por el voto popular y así ningunearlos; y presentando un proyecto de presupuesto 2012 regresivo, que -entre otras- recorta las partidas destinadas a políticas de vivienda en un 23%.

Estimados hermanos/as y compañeros/as: tenemos razones suficientes para concientizar a los vecinos/as de la Ciudad, para organizarlos en función de sus problemáticas, movilizarnos en la defensa de los derechos fundamentales para vivir la vida -como lo son la salud, la vivienda, el trabajo, la educación,la cultura- y crear espacios de articulación con otras reivindicaciones, desde donde pueda surgir una agenda programática que nos ayude a transitar los próximos cuatro años.
Creemos que es necesario y posible comenzar a pensar, a construir y a parir juntos/as una Ciudad para Todos/as desde ahora; y no sólo en momentos electorales.
Que el espíritu de Cristo nos regale su gracia,nos forme en esa antigua y sabia metodología popular que desarrollara Jesús; y nos dé la fuerza y la voluntad para hacer lo que el pueblo concientizado mande. 

Que el amor de Dios nos sostenga a pesar de las diferencias, y que la comunión de su Espíritu nos hermane en la lucha, cada día más. 
Amén.

Pastores Diego Mendieta y Gabriela Guerreros
Comunidad Dimensión de Fe, una Iglesia de todos y para todos.


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