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martes, junio 05, 2012

"La invitación"


"La invitación".

Libro de los Hechos 2:41- 47, 3:1-11 (leer textos)
El evangelista Lucas en su segundo escrito a Teófilo, en el Libro de los Hechos de los Apóstoles (o de los "hechos del espíritu", tal como siempre señalamos que podría llamarse) nos narra el nacimiento, la vida y el testimonio de los/as  primeros/as cristianos/as, de aquella Iglesia que comenzó como un movimiento popular en torno al Resucitado.
Lucas comienza subrayando el destinatario, Teófilo, que significa “amigo de Dios”, lo que nos permite interpretar que este escrito también está dirigido a todos/as los/as amigos/as de Dios.
En los primeros versículos (2:41-47), que utilizamos para nuestra reflexión, el evangelista y médico Lucas señala a rasgos generales el carácter que tenía ese movimiento: una Iglesia profundamente evangélica, pentecostal, popular, ecuménica y profética.
Las realidades que viven nuestros barrios y nuestros pueblos exigen urgentemente volver a ese modelo de comunidad, comprometida con el pregonar de la Buena Noticia, con la solidaridad como fruto del Espíritu Santo y con el rol profético desde una opción por las y los pobres.

Más luego Lucas se detiene, para narrar un testimonio real de lo que significa construir una verdadera liturgia (obra del pueblo).
El hecho está compuesto por 4 imágenes.
-       Un Pueblo pobre.
-       Discípulos/as llenos del Espíritu Santo.
-       El Templo
-       Un mendigo sin nombre
Estas 4 imágenes reconstruyen el contexto de aquel entonces, y también nos muestran o revelan lo que ocurre en nuestro tiempo:
Pueblos y ciudades que sufren la pobreza, hombres y mujeres que creen en Jesucristo o tienen una fuerte espiritualidad popular, grandes y lujosos templos o iglesias con estructuras faraónicas, y muchos/as sin nombres, olvidados/as y excluidos/as.
Pero la diferencia está en que no todos/as vivimos un pentecostés permanente o revolucionados/as  por el Espíritu Santo. No todos/as hemos hecho una verdadera entrega o donación de nuestras vidas al proyecto de Jesús. No todos/as nos mostramos sensibles y nos dejamos transformar por las necesidades de los “otros/as”.
Ser llenos/as y permanecer revolucionados/as por Espíritu Santo nos empuja no solamente a realizar el anuncio de la esperanza de forma oral, a través de nuestra prédica; sino también a realizar hechos concretos profundamente evangélicos de solidaridad con quienes sufren.Nos hace compartir lo que tenemos e incluso aquello que vale más que el oro y la plata, lo que no tiene precio, LA VIDA Y EL PODER DEL ESPÍRITU.
Estamos transitando la “Semana de Oración por la unidad de los/as cristianos/as”, llamado al que nos hemos sumado desde hace años, incluso es uno de los 12 Motivos por los que orar y trabajar.Pero esa unidad (auténtica) es el fruto de una entrega genuina al proyecto liberador de Jesús que debemos realizar cada uno/a de quienes lo seguimos, y nuestras respectivas comunidades, también por haber aceptado vivir revolucionados/as por el Espíritu.
No cabe dudas  de que esto está ocurriendo paulatinamente: lo demuestran las crisis que vivimos las instituciones religiosas, donde siempre encontramos el mismo obstáculo, LAS ESTRUCTURAS. Estructuras que intentan por todos los medios abortar o encorsetar el accionar y la obra liberadora que viene realizando el Espíritu en este tiempo.
PERO LA MASA CRECE, 
PORQUE LA LEVADURA FERMENTA…
Hoy muchos/as se sienten como cojo sin nombre, invisibilizados, o tristemente en soledad tratando de ganar espacios o arrimados al poder para recibir migajas y limosnas que en realidad les roban la dignidad.
El cojo no sólo representa la enfermedad o alguna dificultad motriz de una persona: para quienes creemos que el poder de Dios tiene respuesta, sanando y restaurando a través de hechos milagrosos o de la ciencia por la cual también Dios obra, también representa las condiciones en las que se encontraba el pueblo: sumergido en la pobreza, en la miseria y el hambre que el Imperio romano sembraba y repartía a diario.
En nuestra actualidad muchos países – como el nuestro hace unos años – viven y se sienten como el cojo, dependientes de poderes imperiales, viviendo de migajas, excluidos y olvidados.
Este tiempo de pentecostés nos convoca a la solidaridad, al servicio del compromiso con la vida, a recorrer las calles de nuestros barrios y pueblos sembrando esperanza, extendiendo la mano acompañada de la buena noticia;  y  a no escondernos o rehusarnos al accionar del Espíritu Santo a través de nuestras vidas.
También nos convoca a quienes vivimos y sentimos como el cojo (mendigo y sin nombre) a levantarnos y salir de ese lugar de victimas permanentes: de un salto, ponernos de pie y empezar a caminar por nuestra cuenta, sin dependencia, testificando, celebrando y unidos/as a la comunidad de fe.

Hermanos y hermanas, como decía Jesús: "quien tenga oídos, que escuche". No dejemos que nuestro corazón y nuestro ánimo se adormezcan en la inercia del acontecer de los días de nuestra vida. Abramos la puerta a esta invitación salvadora y salgamos a vivir de otro modo, por los/as demás. Dejémonos despertar por ese Espíritu de Dios "que está aquí para liberar". Amén.

Pastores Diego Mendieta y Gabriela Guerreros

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