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lunes, septiembre 06, 2010

CAMINANDO SOBRE EL AGUA


CAMINANDO SOBRE EL AGUA
Inmediatamente después Jesús obligó a sus discípulos a que se embarcaran; debían llegar antes que él a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Jesús, pues, despidió a la gente, y luego subió al cerro para orar a solas. Cayó la noche, y él seguía allí solo. La barca en tanto estaba ya muy lejos de tierra, y las olas le pegaban duramente, pues soplaba el viento en contra. Antes del amanecer, Jesús vino hacia ellos caminando sobre el mar. Al verlo caminando sobre el mar, se asustaron y exclamaron: “¡Es un fantasma!” Y por el miedo se pusieron a gritar. Enseguida Jesús les dijo: “Ánimo, no teman, que soy yo.” Pedro contestó: “Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti caminando sobre el agua.” Jesús le dijo: “Ven”. Pedro bajó de la barca y empezó a caminar sobre las aguas en dirección a Jesús. Pero el viento seguía muy fuerte, tuvo miedo y comenzó a hundirse. Entonces gritó: “¡Señor, sálvame!” Al instante Jesús extendió la mano y lo agarró, diciendo: “Hombre de poca fe, ¿por qué has vacilado? Subieron a la barca y cesó el viento, y los que estaban en la barca se postraron ante él, diciendo: “¡Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios!” Terminada la travesía, desembarcaron en Genesaret. Los hombres de aquel lugar reconocieron a Jesús y comunicaron la noticia por toda la región, así que le trajeron todos los enfermos. Le rogaban que los dejara tocar al menos el fleco de su manto, y todos los que lo tocaron quedaron totalmente sanos.
San Mateo 14: 22-33

Leer los evangelios es verdaderamente desafiante para todo aquel que ama la vida y lucha incansablemente por el pueblo, en ellos encontramos la razón de nuestra misión como cristianos/as y un amplio programa para nuestra Comunidad de Fe, que nos conduce a traducir en acciones concretas nuestro mensaje: a decir lo que hay que decir, a estar donde tenemos que estar, y a hacer lo que hay que hacer, desde una perspectiva profundamente evangélica y revolucionaria.

Los textos escogidos para nuestra reflexión semanal hablan de que luego del maravilloso milagro conocido como la “Alimentación de los cinco mil” Jesús ordenó a sus discípulos a tomar la barca y pasar del otro lado, a la otra orilla del lago. Mientras él despedía a sus compañeros/as y seguidores/as y se apartaba para meditar, reflexionar y orar en el cerro en soledad, pasó el tiempo y los discípulos ya habían emprendido su rumbo en la barca. Mientras se dirigían al otro lado del lago remando contra viento y marea Jesús caminó sobre las aguas para dejar una clara enseñanza que perdurará en la historia.

Los discípulos no entendían lo que pasaba, y cuando vieron que alguien se acercaba caminando sobre las aguas embravecidas, se asustaron, gritaron, se espantaron y se confundieron. Evidentemente no lo comprendían, tal vez como muchos/as hoy estaban preparados/as para ver a Jesús caminar sobre alfombras rojas, como lo hacen los poderosos de la tierra; y este Jesús decidía caminar sobre las aguas del dolor y la esperanza de su pueblo porque su programa, su agenda tenía como base el identificarse con los más humildes, denunciando el egoísmo y el pecado de la avaricia de los poderosos.

El camino de Jesús fue, pués, en el sentido contrario: anduvo sobre el polvo y el barro, subió montañas y caminó sobre las aguas para encontrarse con los suyos, con su pueblo, que navegaba sobre aguas agitadas, amenazados por las gigantes olas imperiales que golpeaban fuerte. Esa fue su decisión, pastoral y revolucionaria.

Jesús se compadeció de sus discípulos y los alentó diciendo:" ¡tengan valor, soy yo, no tengan miedo!". Los llamó así a vencer el miedo y a reconocer su presencia en medio de la tormenta. Pedro respondió impulsivamente, y de la misma forma decidió ir a su encuentro. Sin dudas, fue un acto de fe y valentía. Pero al sentir en su cuerpo la fuerza del viento y los azotes de las olas, comenzó a invadirlo la duda y tuvo miedo, por eso comenzó a hundirse.

Cuántos hermanos y hermanas, luego de ver milagros maravillosos, comenzaron a seguir a Jesús y a pregonar su mensaje, pero bastó que empiecen a soplar los vientos contrarios o que se muevan un poco las aguas para que comiencen a dudar; y entonces vacilaron, retrocedieron y se hundieron nuevamente en la indiferencia y en el acomodamiento. Pero ahí está Jesús para extenderles la mano. Porque Jesús siempre nos toma de la mano cuando nos estamos hundiendo, si se lo pedimos. Y si no, también.

Finalmente Jesús y Pedro subieron a la barca y cuando lo hicieron el viento se calmó y las olas dejaron de rugir: ahora estaban nuevamente juntos y unidos a los otros seguidores, con quienes podían contenerse y abrazarse.

Por eso, estimados Hermanos/as y compañeros/as: veamos que sólo cuando estamos unidos/as las cosas cambian, que sólo la unidad hace callar los rugidos de las gigantescas olas y de los vientos fuertes que intentan arrasar con los sueños y anhelos de nuestras vidas y de nuestro pueblo. Sólo la unidad acerca la paz en medio de la tormenta.

Jesús nos sigue invitando a caminar sobre las aguas en nuestra vida personal y comunitaria, porque Él siempre nos acompaña.

Pastor Diego Mendieta y Gabriela Guerreros

Reflexiones - Dimensión de Fe Semanario Oficial de la Comunidad Dimensión de Fe, una Iglesia de todos y para todos... (Asociación La Iglesia de Dios) Pensamientos Reflexiones y Noticias que abordan temas actuales desde una perspectiva Teológica y Pastoral. Av. Juan B. Alberdi 5250 (Mataderos), Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina

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