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sábado, octubre 26, 2013

Hechos de liberación y amor militante.

Hechos de liberación y amor militante.
Por Diego Mendieta (*)

El capítulo 8 de San Mateo describe una larga jornada de Jesús, quien al término su campaña en las sinagogas volvió a Cafarnaum, uno de los pueblos donde la popularidad de Jesús ya era notable. Enseguida se corrió la voz de que había vuelto y se armó un revuelo….
El Nuevo Testamento es un todo que nos aporta elementos muy valiosos a la hora de decidir cómo vivir en sociedad: la vida misma de Jesús y su compromiso nos sorprende a cada paso con su amor demostrado en hechos, amor militante por el que tuvo que pagar con su vida. De eso nos habla Mateo:

CUANDO LA FE, LA UNIDAD Y LA CONVICCIÓN HACEN POSIBLE EL MILAGRO (cap. 9 vers. 1-8)
La vida era muy abierta en Palestina. Por la mañana se abría la puerta de las casas, y cualquiera podía entrar o salir. Jesús compartìa con sus hermanos/as y vecinos/as su propuesta liberadora cuando un grupo de amigos trajo a un paralitico: el paralìtico fue sanado y perdonados fueron sus pecados, ante los ojos del pueblo y también de los enemigos del pueblo.
La fe, la unidad y la convicción de este grupo de compañeros hizo posible superar los obstáculos y barreras y la realización del milagro: dignidad que en la vida del paralítico significaba la restitución de la dignidad, la ruptura con la dependencia, y la inclusión social.

Solamente la fe, la unidad y la convicción de las y los débiles, pobres, trabajadores/as, estudiantes, campesinos/as, pueblos originarios e intelectuales, harán posible el milagro de un mundo nuevo, de una patria grande, de un país con justicia social, independencia económica y soberanía política, de una ciudad para todas y todos.

JESÚS LLAMA A UN CIPAYO (cap. 9 vers. 9-17)
En el tiempo de Jesús eran llamados pecadores los que no observaban la Ley de Moisés y los que cooperaban con las autoridades extranjeras (como los cobradores de impuestos). De ahí que Mateo fuera considerado un vil pecador, traidor a su patria. Pareciera imposible que Jesús llame a un cipayo, pero el Evangelio es para toda la persona y para todas las personas.
Es así que, mientras Jesús caminaba por las calles polvorientas, ve a Mateo en el lugar desde donde ofendía la dignidad de su pueblo. Lo invitò a seguirlo y a despojarse del viejo hombre, a dejar de ser funcional al imperio que sometió a su pueblo invadiéndolo militarmente. Lo invitó a convertirse en una herramienta de liberación y a ser parte de las y los que sienten, viven, trabajan y luchan por la vida y por el pueblo. Mateo aceptó, se levantó, lo siguió e invitó a Jesús a comer a su casa para transmitirle la propuesta a su grupo de amigos (todos cipayos). Entonces, los mismos fariseos hipócritas de siempre, se rasgaban las vestiduras y cuestionaban a Jesús por sentarse a la mesa con los pecadores mientras ellos hacían la vista gorda a la violencia del Imperio Romano.
Respecto de este tema el General Perón testimonia: "Yo he visto malos que se han vuelto buenos, aunque no he visto jamás a un bruto volverse inteligente"

Aquí tenemos uno de los grandes ejemplos del poder de Jesús para ver en una persona no sólo lo que era, sino lo que podría llegar a ser. No ha habido nunca nadie que tuviera tanta fe en las posibilidades de la naturaleza humana como Jesús.

JESÚS DIGNIFICA A LAS MUJERES (cap. 9 vers. 18-26)
Nuevamente los esquemas machistas, etnocentristas y excluyentes de una sociedad son superados por la misericordia de Jesús. En su caminar misionero Jesús encuentra, libera y dignifica a dos mujeres. Jairo, el padre de la niña y jefe de la sinagoga, se convierte en símbolo de fe porque cree que Jesús tiene poder sobre la muerte.
La muerte de la niña representa una sociedad que no sólo mata a los profetas, sino que excluye y margina a la mujer. Por el camino, otra mujer, excluida por su estado de "impureza", clama a Jesús que le deje tocarlo para quedar sana.
Jesús siente la presencia de la mujer, porque más que las masas le interesan las personas, y que éstas recuperen su dignidad: por eso visibiliza a la mujer, la identifica, la sana y le devuelve su lugar en la sociedad. La actitud de Jesús es una alternativa para los/as excluidos/as de la libertad y la dignidad. Hoy, en nuestra sociedad, siguen existiendo hechos que ponen en el último lugar a la mujer, a la infancia, a las minorías étnicas o a quienes simplemente son diferentes. Ser cristianos/as exige de nosotros/as que amemos eficazmente y que los/as incorporemos con dignidad a la dinámica social, política y eclesial.

En lo que se refiere a la inclusión y plena participación de las mujeres, se puede considerar al feminismo como un movimiento profético contemporáneo que anuncia el juicio del patriarcado (...) y hace un llamamiento al arrepentimiento y al cambio.


¡¡¡LOS CIEGOS VEN!!! 
 ¡¡¡LOS MUDOS HABLAN!!! (cap. 9 vers. 18-26)
Mientras Jesús caminaba lo seguía una multitud. Entre ellos, dos ciegos que se animaron a levantar su clamor, que pedía misericordia, pues estaban hartos de la dependencia y la exclusión que su ceguera generaba. Cansados de ser los olvidados de siempre y revolucionados por el testimonio que daban de un tal Jesús que ama y toma partido por los débiles y pobres, deciden gritar hasta lograr su atención. ¡Querían ser libres!
La ceguera era una dolencia angustiosamente corriente en Palestina. Procedía en parte del deslumbramiento que el sol oriental causaba a ojos sin protección, y en parte porque la gente no sabía nada de la importancia de la limpieza y la higiene. Particularmente las nubes de moscas sucias trasmitían infecciones que conducían a la pérdida de la vista.

Jesús prueba su fe, les pregunta: «¿Creen que puedo hacer esto?» contestaron: «Sí, Señor, creemos.» Entonces Jesús les tocó los ojos, diciendo: «Hágase así, tal como han creído». Y sus ojos vieron. Una vez sanos, Jesús les pide discreción (para no levantar la perdiz). Dejaron de ser los ciegos de la esquina, los mendigos de la sinagoga, los que daban lástima en las plazas. Ahora tenían la responsabilidad de cuidar lo logrado, de autogestionarse, de cumplir un rol en la sociedad y de seguir luchando y gritando con la misma energía que detuvo a Jesús, por los demás derechos para vivir con plena dignidad.
Se fueron los ciegos y vino el mudo. Lo trajeron como a los ciegos para ser liberado, y Jesús expulsa el demonio que lo oprimía quitándole el habla: el mudo empezó a hablar. Otro más que rompe con la dependencia y la exclusión que su enfermedad le generaba.

El pueblo quedó sorprendido, todos y todas decían: «Jamás se ha visto cosa igual en Israel». En cambio, los fariseos hipócritas de siempre comentaban: «Éste echa a los demonios con la ayuda del príncipe de los demonios». Pocos pasajes nos muestran tan claramente como éste la imposibilidad de una actitud de neutralidad frente a los hechos, en este caso realizado por Jesús. Aquí tenemos el retrato de dos reacciones ante Él: la de las multitudes, la del pueblo era de sorprendida admiración; la de los fariseos, de odio virulento expresado en sus palabras. Sin dudas que esta diferencia tiene que ver con los intereses, con los proyectos y sobre todo por los ideales.


CONCLUSIÓN
Hoy los ciegos ven y los mudos hablan: el pueblo se alegra. Entonces los pobres, los débiles y los trabajadores se unen y levantan su voz; resisten dictaduras, al neoliberalismo asesino de los noventa, y se atreven a transitar un camino que nos trajo hasta aquí. Por eso los fariseos mediáticos e hipócritas se enojan: el odio virulento de sus monopolios, de sus noticieros, de sus candidatos, de sus intelectuales, etc., golpea contra nuestro pueblo. Distorsionan la realidad porque les molesta que los ciegos vean y los mudos hablen.
Quiera Dios que nuestro pueblo sepa ejercer su deber cívico con sabiduría, hay muchos ciegos que todavía no alcanzaron la vista y mudos que siguen sin hablar. Cuidemos y defendamos lo que supimos conseguir, porque un mundo nuevo es posible, sí; pero sólo si los pueblos lo quieren. Hagamos, pues, que muchos lo deseen.


Jesús siguió recorriendo todas las ciudades y pueblos: enseñaba en sus sinagogas, proclamaba la Buena Nueva del Reino y curaba todas las dolencias y enfermedades.
Al contemplar aquel gran gentío, Jesús sintió compasión, porque estaban decaídos y desanimados, como ovejas sin pastor. Y dijo a sus discípulos: «La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen, pues, al dueño de la cosecha que envíe trabajadores a recoger su cosecha».
Si estamos bien dispuestas/os a trabajar por ese mensaje de Jesús hecho realidad, hay un lugar esperando por nosotros/as.


(*)Pastor Pentecostal de la Comunidad Dimensión de Fe, una Iglesia de todos y para todos...
Ciudad Autónoma de Buenos Aires | República Argentina
Reflexiones - Dimensión de Fe Semanario Oficial de la Comunidad Dimensión de Fe, una Iglesia de todos y para todos... (Asociación La Iglesia de Dios) Pensamientos Reflexiones y Noticias que abordan temas actuales desde una perspectiva Teológica y Pastoral. Av. Juan B. Alberdi 5250 (Mataderos), Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina

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