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martes, abril 08, 2014

En Villa Soldati se recordó a Fray Carlos Armando Bustos

Se realizó la Misa Popular en memoria de Fray Carlos Armando Bustos
Se llevó a cabo en Parroquia Virgensita de Luján de Villa Soldati, con una hermosa liturgia enriquecida por los cantos, oraciones, lecturas, testimonios y la eucaristía se recordó al Fray Carlos A. Bustos a los 37  años de su detención y desaparición.
En la misma participaron Fray Antonio Puigjané, la Hna María Bassa, Maria Adela Antokoletz, Fatima Cabrera y los Pastores Diego Mendieta y Gabriela Guerreros, entre otros/as...
Finalizó, con rico ágape popular!
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Breve biografía de
Fray Carlos Armando Bustos
Nacido en Córdoba, Carlos entró muy joven en la comunidad franciscana capuchina y fue ordenado sacerdote en 1970. Poco tiempo después se fue con Pedro, otro capuchino, a vivir en la villa “Ciudad Oculta” de Lugano. 

Dice en una carta a sus amigos en junio de 1972. 

“Nosotros pensamos que se tiene que vivir el Evangelio en medio de los más pobres. Uno no puede predicar el Evangelio en la comodidad de una vida burguesa, desde la altura solemne de un púlpito. Cristo vivió como un pobre y murió en la más extrema pobreza: hasta sus amigos más cercanos lo abandonaron “ Y termina con esta interpelación: "Y Ustedes…. ¿De qué lado son?"


Carlos vivió a fondo su compromiso cristiano pero disfrutó plenamente de esta búsqueda a pesar de los sacrificios y las incomprensiones. Cantaba con su guitarra, se reía de sí mismo con sus chistes, y los amigos nos divertíamos con sus picardías. Criollo y cordobés hasta la médula, militó como uno más en la lucha de los villeros por su dignidad:

Su superior Jerónimo Bórmida lo llama “el protector de los santos de la cotidianidad, de los hombres bonachones, de los discípulos ordinarios de Jesús” y dice de Carlos: 

“La búsqueda lo llevó a lo nuevo y a los márgenes. La villa miseria en los límites de la sociedad. Formosa en los límites del país. Paysandú en los límites de las experiencias normales de vida religiosa. De nuevo en la villa, abriéndose a la dimensión contemplativa con los Hermanitos de Carlos de Foucauld. No fue un linyera errático por los caminos de la experiencia religiosa, fue un peregrino que seguía los llamados del Espíritu.”


Cuando más arreciaba la dictadura militar, sus superiores pedían que se fuera del país. Padre Jerónimo relata la respuesta de Carlos:


“Como la autonomía de Carlos tenía el nombre de la coherencia, no me admitió la huida. No quería ser como tantos curas que, habiendo impulsado y acompañado jóvenes en la lucha por el Reino, los abandonaban a la hora de la verdad, cuando la pasión y la cruz no son mística sino realidad. El “me quedo” de Carlitos fue para mí el broche de oro que define su martirio”.


Después de la masacre de la comunidad de los Palotinos el 4 de julio 1976 y, luego de la misteriosa muerte del obispo Enrique Angelelli en La Rioja, el 4 de agosto del mismo año, Carlos se involucró más en la denuncia de la violencia contra la iglesia. Viajó a La Rioja para investigar la muerte del obispo riojano entre otros miembros de la iglesia.

En septiembre 1976 participó en la redacción de un informe denunciando el asesinato del obispo Angelelli como parte de una campaña de represión por parte de la dictadura militar contra todo el sector de la iglesia comprometido con el pueblo. Este informe tuvo mucha difusión internacional siendo traducido a varios idiomas. 

A principios de 1977 Carlos tuvo contactos con el Card. Primatesta en Córdoba como presidente de la Conferencia Episcopal Argentina para buscar la mediación eclesiástica para poner fin a la violación de los derechos humanos y conseguir la paz en el país. Lamentablemente su voz no fue escuchada y él mismo comenzó a sufrir una mayor persecución. 

El Viernes Santo de 1977 (8 de Abril) Carlos fue detenido-desaparecido en Buenos Aires, junto a Mauricio Silva, Hermanito del Evangelio, durante una nueva ola de represión contra militantes cristianos nucleados en Cristianos por la Liberación. Fue torturado en el centro de detención clandestino llamado “Club Atlético” en Paseo Colón y Cochabamba, Ciudad de Buenos Aires, y no se supo más de su paradero. 

Su despedida la noche anterior al terminar la celebración del Jueves Santo fue enigmática pero cargado de esperanza: ¡Ahora tenemos que vivir nuestro Viernes Santo!

A pesar del sufrimiento que tuvo en su vida al ver caer víctimas de la dictadura a tantos amigos y amigas podía escribir con sinceridad asombrosa: “¡Es maravilloso vivir en estos tiempos difíciles porque tenemos el humilde orgullo de pensar que el Señor confía en nosotros!”


¡Carlos está con nosotros con su presencia alegre y provocadora en la lucha por la justicia y la dignidad de los pobres!

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